Hecho en Puerto Rico


Más allá del pabellón de la muerte / Entrevista al cineasta Luis Rosario Albert
mayo 12, 2010, 10:14 am
Filed under: Artículos de prensa, Juan Meléndez 6446

Miren Gutiérrez
ipsnoticias.net

El asesinato por el que se condenó a Meléndez ocurrió en 1983 en el sudoriental estado de Florida. Otro hombre había admitido antes el crimen, y en varias ocasiones, pero los fiscales ocultaron su confesión y recluyeron al acusado inocente en una cárcel.

En 1898, el gobierno estadounidense introdujo la pena de muerte en Puerto Rico, que la abolió en 1929, dos años después de la última ejecución. En 1952, esta nación caribeña estampó en su propia Constitución la frase “no existirá la pena de muerte”.

Pero en Puerto Rico rigen algunas leyes federales estadounidenses por su carácter de “estado libre asociado” al país norteamericano. Fiscales de Estados Unidos han solicitado la pena de muerte en varios casos. Muchos consideran que esto vulnera la autonomía de la isla.

“Las razones para liberar a Juan no parecen vinculadas de ningún modo con la oposición puertorriqueña a la pena de muerte”, dijo a IPS Luis Rosario Albert, entrevistado por correo electrónico.

Sin embargo, agregó, “organizaciones como la Coalición Puertorriqueña Contra la Pena de Muerte y la Comisión de Derechos Civiles de Puerto Rico ayudaron a dar a conocer la historia de Juan desde su liberación”.

Este caso de un condenado que fue absuelto sólo en la cuarta apelación “brinda un ejemplo muy efectivo para educar a la población de Puerto Rico sobre el sistema de la pena de muerte”.

IPS: Hasta ahora, usted había hecho documentales sobre la cultura puertorriqueña. ¿A qué se debe este cambio de tema?

LRA: Este caso me impactó porque, luego de esperar la ejecución durante casi 18 años por un crimen que no cometió, Juan se convirtió en un miembro destacado del movimiento por la abolición de la pena de muerte en Estados Unidos.

La primera razón fue que esta historia debía documentarse. Recuerdo que luego de ver la película “The Exonerated”, dirigida por Bob Balaban (2005), pensé que podíamos hacer algo para ayudar a la causa.

Segundo, tengo gran respeto por una persona que luego de todo ese tiempo en la cárcel decidió luchar, ayudar a transformar la realidad combatiendo la pena capital. Meléndez tiene la capacidad única de contar su historia de un modo especialmente cautivante y dinámico.

También es extraordinario el grado de la injusticia, y la manera en que todas las piezas debieron ajustarse al mismo tiempo para que Juan fuera absuelto. Si no se hubiera acomodado todo perfectamente, él no estaría vivo ahora.

Al renunciar su defensor, fue reemplazado por un equipo de abogados excepcionales y un investigador. Luego, el defensor se convirtió en juez, y pidió que, por el conflicto de intereses, el retiro del caso del condado donde había sido condenado.

El hecho de que el proceso cayera en manos de una jueza valiente, el descubrimiento fortuito de la confesión grabada del asesino real, 16 años después de la condena a muerte de Juan … Es extraordinario que todos estos factores surgieran simultáneamente. Choca pensar qué habría pasado si esto no hubiera ocurrido.

IPS: Estados Unidos ejecutó a 1.158 personas desde 1976. Hoy, más de 3.000 reclusos viven en el corredor de la muerte. ¿Qué hace especial a la historia de Juan Meléndez?

LRA: Todo el tiempo que Juan estuvo esperando la ejecución es destacable por sí misma. Aunque desde 1973 hubo 131 exenciones de la pena de muerte, Juan es uno de los pocos absueltos que pasaron más de 17 años esperando ese castigo. Es extraordinario que un ser humano sobreviva casi 18 años en una celda de menos de dos por tres metros bajo una amenaza psicológicamente devastadora.

Su historia muestra cómo una persona de un contexto socioeconómico débil puede quedar atrapada en una circunstancia tan grotesca. No es que no pueda pasarnos a cualquiera de nosotros, pero el hecho es que esto les está ocurriendo a personas en condiciones económicas y sociales desventajosas.

IPS: Meléndez fue liberado en 2002. ¿Por qué este documental es relevante hoy?

LRA: Por varias razones. Primero, más allá del tema de la pena de muerte, el documental relata una inspiradora historia de resistencia humana, de fe y esperanza. Este aspecto lo vuelve relevante, independientemente de la fecha de la absolución de Juan.

El documental también es relevante por su potencial para cambiar la opinión del público sobre la pena capital. No sólo muestra los muchos problemas inherentes al sistema, incluido su alto riesgo y la inevitabilidad de que esa pena les sea impuesta a inocentes, su injusta aplicación basada sobre la raza y su implementación casi exclusiva sobre los pobres.

También demuestra el tremendo daño que inflige a los involucrados en el sistema: la familia del condenado, los abogados, incluso los periodistas, en cierto grado. En ese sentido, el documental examina el problema específico de la aplicación de la pena de muerte en Puerto Rico.

El gobernador de Nuevo México, Bill Richardson, que el 18 de marzo de este año firmó el proyecto de revocación de la pena de muerte en su estado, vio el documental poco antes de tomar su decisión. Le dijo a Juan Meléndez que estaba profundamente conmovido, y para justificar su decisión declaró que su preocupación principal fue la gran cantidad de condenados que habían sido exonerados con pruebas de su inocencia.

También dijo estar preocupado por el racismo del sistema. Ambos asuntos están abordados de modo directo en el documental.

Esperamos que éste sea una poderosa herramienta educativa que ayude a cambiar la opinión del público estadounidense sobre la pena de muerte, así como la de los políticos.

IPS: ¿A qué se dedica Meléndez ahora?

LRA: Juan vive en Nuevo México con su novia, que es abogada y activista contra la pena de muerte. Le resulta difícil tener un trabajo regular porque padece estrés post-traumático, y porque viaja frecuentemente por Estados Unidos y otros países, compartiendo su historia y promoviendo la abolición de la pena capital.

Al liberarlo, el estado de Florida le dio apenas 100 dólares, un par de pantalones y una camiseta, lo mismo que se les da a todos los prisioneros liberados. Pero a diferencia de otros exonerados de la pena de muerte, no recibió ninguna compensación por los muchos años que pasó esperando ser ejecutado por error. Tampoco recibió ninguna disculpa del fiscal o del estado.

IPS: ¿Qué lenguaje cinematográfico eligió usted para contar esta historia?

LRA: Intenté trabajar en torno a las tres geografías principales. Primero, Naguabo, el pueblo costero de Puerto Rico donde Juan vivió antes de emigrar a Estados Unidos. Segundo, el centro penitenciario de Oso Blanco, ahora cerrado, donde recreamos algunas escenas del tiempo en que esperaba su ejecución. Tercero, la meridional ciudad estadounidense de Albuquerque, donde Meléndez vive ahora.

La apertura de la geografía de Albuquerque y las imágenes felices y coloridas de la costa de Naguabo contrastan con el ambiente limitado y negativamente cargado del pabellón de la muerte. Estos espacios nos permitieron presentar diferentes estados de ánimo.

IPS: ¿Dónde planea exhibir el documental?

LRA: Esperamos mostrarlo en escuelas secundarias de Estados Unidos, facultades y comunidades religiosas, y también en cines pequeños. Su duración, de apenas 49 minutos, es especialmente propicia para ese tipo de exhibiciones.

Ahora lo estamos enviando a diferentes festivales cinematográficos en Estados Unidos y Europa. Y ya hay interés en exhibirlo en Canadá y Alemania.


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